PEQUEÑAS REFLEXIONES SOBRE DEFENSORES Y OMBÚDSMANES

Al volver al Defensor del Pueblo en un mero funcionario dependiente de los caprichos políticos del legislativo bajo la excusa de los D.D.H.H., no solamente limitan sus funciones y capacidades, sino además corrompen su funcionalidad, independencia y facultades originales.

Por: Oscar Gabriel Luna

La gran virtud de la democracia moderna no está en la utópica y altamente vendible aseveración de "darle el poder al 'pueblo'" (que en la práctica suele ser un ideal vacío, hasta mentiroso), pero en hacer del poder –político y social– una herramienta dividida entre muchos, temporal y limitada, siempre sujeta a control. En consecuencia, el rol deseable del Estado es ser árbitro y regulador de los poderes económico-sociales, y el rol deseable de la sociedad civil (de cada uno de los ciudadanos, mejor dicho) es ser árbitro y regulador de los poderes políticos e institucionales.

Lamentablemente, ni lo uno ni lo otro se da en la Bolivia de hoy (y también de ayer): Mientras en el ámbito político el sistema funciona como una orgía insaciable de poder cada vez más decadente y corrupta; en el ámbito ciudadano, paralizado por la apatía, el miedo o la ignorancia – o alguna tóxica combinación de las tres–, la inacción letal termina siendo su única y lógica conclusión. Un triste ejemplo de aquello es la reciente elección del (mal) llamado "Defensor del Pueblo", donde una vez más el poder político del oficialismo se impone ante la mirada –algo perdida, algo resignada– de una ciudadanía enojada, pero carente de recursos.

Y pues, querido lector o lectora, la posición del tal Defensor del Pueblo no empezó, ni con ese nombre, ni con las funciones con que se lo conoce hoy. Allá por 1713, en las gélidas tierras de Suecia, mientras el rey Carlos XII se encontraba en exilio, estableció la Oficina del Ombudsman Supremo como su representante para asegurar que los jueces y servidores públicos actuaran de acuerdo a la ley, y con el poder de seguirles procesos por negligencia en caso de incumplimiento. Aunque esa posición terminó con otro nombre, inspiró la creación del Ombudsman Parlamentario Sueco en 1809 (y nosotros acá apenas con nuestras revueltas y proclamaciones), con el propósito de proteger los derechos de los ciudadanos al establecer una agencia supervisora independiente del Órgano Ejecutivo.

Las características previas, altamente avanzadas, evolucionaron en lo que es hoy el Ombudsman contemporáneo, encargado en fiscalizar la actividad gubernamental en interés de los ciudadanos, y de investigar quejas y denuncias de mala utilización del poder en perjuicio del ciudadano, en muchos países con democracias más sanas, y bueno, reales, que la nuestra. Ya la célebre denominación de "Defensor del Pueblo" – y la subsecuente deformación de sus funciones – empezó en España (con leve aroma de legado colonial), donde se le atribuyó la noble pero vaga tarea de defender los también célebres "Derechos Humanos".

Ya volviendo a nuestras atribuladas tierras, siguiendo el modelo español, se crea en Bolivia la posición local del Defensor del Pueblo, y es ahí donde empiezan los problemas. "¿Y qué de malo tiene defender los Derechos Humanos, Oscar?", me podría preguntar usted, querido lector o lectora. Y es que se empieza de la vasta diferencia entre un órgano tan institucional e incómodo para el poder como es el Ombudsman (entiéndase: un funcionario cuya misión expresa es literalmente vigilar a los gobernantes en búsqueda de evitar que abusen de su poder en desmedro de los gobernados), y la posición tan tenue, nominal y sujeta al poder político como es el Defensor del Pueblo, precisamente por esa tarea tan abstracta de "defender los Derechos Humanos".

Por si no se habían enterado los gobernantes, opositores, y los políticos en medio de estos: La tarea de defender los Derechos Humanos universales corresponde a TODAS las instancias estatales (jurídicas, legislativas y ejecutivas), entidades no-gubernamentales, civiles y particulares en un país, sin contar con organismos internacionales expresamente creados para su protección. Al volver al Defensor del Pueblo en un mero funcionario dependiente de los caprichos políticos del legislativo bajo la excusa de los D.D.H.H., no solamente limitan sus funciones y capacidades, sino además corrompen su funcionalidad, independencia y facultades originales, esenciales para controlar, por ejemplo, las expresiones del enorme poder político que tan sagazmente los autoritarios del MAS trabajan por sostener ante sus dolorosos fracasos electorales.

Al autor le salen características carcajadas lastimeras al pensar a todo lo que tuvo que recurrir el saliente Defensor, Rolando Villena, para ganarse la confianza de los capataces oficialistas; entre otras cosas el parecer un cordero dispuesto a servir a Don Evo y su infame aplanadora, lo cual le valió también sendos calificativos por parte de la oposición al momento de su elección. Ironías y curiosidades tomadas en cuenta, este (en teoría) Defensor servil terminó siendo lo más parecido a un Ombudsman que tuvo este país en sus 190 años de historia, mirando a la cara al poder y teniendo el descaro de cuestionarlo, lo cual le costó algunos pinos chamuscados, entre otras manifestaciones de la patente desesperación de los masistas al tener tamaño personaje indeseable – para ellos – tan de cerca.

¿Y qué nos queda ahora a nosotros, los ciudadanos agobiados por la impotencia? Chistes sobre piratas y similares aparte, es muy deprimente ver a un antiguo dependiente del Ministerio de Justicia (asumiendo que sobrevivió a la cacería de brujas que hizo el partido de Gobierno entre los funcionarios públicos post-21F) suceder la encomiable labor que había llevado a cabo Villena, sabiendo bien que las trabas arbitrarias y deleznables que puso el oficialismo para evitar otro indeseable solo podrían resultar en un Defensor tibio, amarrado al poder político y no merecedor de la confianza de la opinión pública.

No hay razón alguna para sospechar que David Tezanos será mínimamente distinto a nuestras terribles expectativas, pero quizá con algo de gracia divina, o quizá con fuerte presión ciudadana, podremos tener otra sorpresa grata en la Defensoría, y tal vez, solo tal vez, estar un pasito más cerca de tener ese Ombudsman que tanto merecemos y necesitamos.

David Tezanos Pinto, Defensor del Pueblo 2016-2022
En la foto David Tezanos Pinto, Defensor del Pueblo 2016 - 2022

Fuente: Teas Bolivia

Comparte esto

Deja tu comentario

Más de Infómanos

0 comentarios :