Coordinadora de la Mujer: 8% de ministras en 73 años, la exclusión persiste en los gabinetes bolivianos

Setenta y tres años después del voto universal, las mujeres bolivianas aún no han conquistado el poder Ejecutivo. Desde 1952 hasta la actualidad se registraron al menos 1.163 nombramientos ministeriales, de los cuales 93 (8%) corresponden a mujeres y 1.070 a hombres (92%).
"Históricamente, la participación de las mujeres en los gabinetes ministeriales ha sido mínima; estos espacios o puestos de poder siguen siendo un monopolio masculino, aunque las mujeres han demostrado amplia capacidad y liderazgo para puestos de toma de decisiones", afirma Tania Sánchez, directora ejecutiva de la Coordinadora de la Mujer.
Este 9 de noviembre, el recién inaugurado Rodrigo Paz Pereira nombró a 11 hombres y 3 mujeres (21%) en su primer gabinete ministerial. De estos cargos, los ministerios de Salud, Educación y “sin cartera” (turismo y gastronomía) los ocupan Marcela Flores, Beatriz García y Cinthia Yáñez, respectivamente.
Una deuda de 73 años
Según un repaso histórico realizado por el Observatorio de Género de la Coordinadora de la Mujer, Alcira Espinoza fue la primera ministra de Bolivia, en la cartera de Trabajo, durante el Gobierno de Luis Adolfo Siles Salinas, en 1969.
Una década después, Ana María Romero de Campero era Ministra de Prensa e Información, designada por Walter Guevara Arze (ver cuadro adjunto). El Gobierno de Lidia Gueiler, primera mujer presidenta de Bolivia (1979-1980), tuvo una mínima presencia de mujeres, con sólo dos ministras frente a 37 hombres en las mismas funciones.
Con el retorno de la democracia, en 1982, se mantuvo el monopolio masculino en los gabinetes ministeriales: los dos primeros gobiernos (Hernán Siles Zuazo y Víctor Paz Estenssoro) no tuvieron ninguna mujer entre sus 84 y 47 nombramientos ministeriales, respectivamente.
En 1989, con una democracia que se estabilizaba, Jaime Paz Zamora nombró a tres mujeres entre sus 44 nombramientos (7%), y aunque parecía que la situación mejoraba para ellas, el siguiente Gobierno (Gonzalo Sánchez de Lozada, 1993-1997) volvió a relegar a las mujeres al investir a 44 hombres en cargos ministeriales.
El fin del siglo pasado y el comienzo del nuevo trajeron mejores perspectivas para la participación política de las mujeres, junto con las medidas afirmativas y regulaciones favorables a la paridad que el movimiento de mujeres fue conquistando.
Sin embargo, sólo se lograron avances en el nivel legislativo de los órganos de representación política. Llama la atención, sin embargo, que el segundo mandato de Evo Morales (2009-2014) tuvo una importante presencia de mujeres durante todo el período y que fue del 39%.
Durante dos años (2010-2011) las mujeres incluso ocuparon la mitad de los ministerios como jefas de sector. Mientras tanto, la última administración de Morales (2019) terminó con solo tres mujeres en las 20 carteras ministeriales de ese momento, un 15%.
Durante el gobierno de transición de Jeanine Áñez, la segunda de dos mujeres al frente del Ejecutivo nacional, se realizaron 37 nombramientos ministeriales y se eliminaron tres carteras (Culturas, Deportes y Comunicación). Estas designaciones cayeron a 29 hombres y ocho mujeres (22%).
Finalmente, en el gobierno de Luis Arce (2020-2025) se realizaron 40 nombramientos ministeriales, 33 hombres y solo 7 mujeres, lo que equivale a una representación del 15% de mujeres.
En su gabinete inicial, inaugurado el 9 de noviembre de 2020, sólo tres de las 16 carteras estaban encabezadas por mujeres. Las sucesivas reorganizaciones ministeriales no cambiaron esta tendencia (véase el cuadro).
Exclusión estructural
Pero no se trata sólo de un problema numérico; Las mujeres siguen siendo minoría en los gabinetes ministeriales y su presencia se concentra, sobre todo, en áreas sociales como la educación, la salud o la cultura -como demuestran los recientes nombramientos de Rodrigo Paz-.
Todavía son pocos los que acceden a ministerios vinculados a la economía o a la toma de decisiones estratégicas. Este desequilibrio demuestra que la paridad en el Ejecutivo sigue siendo una deuda histórica para avanzar hacia una verdadera igualdad en el poder político.
"Las cifras muestran una exclusión estructural: las mujeres están en el gabinete, pero no en el centro de las decisiones. La paridad no es sólo presencia, es influencia", apunta Sánchez, a tiempo de recordar que contar con mujeres con sensibilidad, ética y compromiso con la igualdad y la justicia en la gestión del Estado fortalece la democracia.
“La paridad en los espacios de toma de decisiones permite que las políticas públicas reflejen las necesidades y demandas de más de la mitad de la población”, enfatiza.
Fuente: Erbol