Leopardus tilcayo: Bolivia le da al mundo una nueva especie de gato silvestre, la primera en más de 100 años

LA REGIÓN
Rocío Lloret
Es más pequeño que un gato doméstico. Vive en los bosques nublados de los Yungas de La Paz y las comunidades locales lo conocían desde hace décadas como tilcayo. Pero para la ciencia, no existía. Hoy, tras una investigación de cinco años con amplio protagonismo de científicos bolivianos, se presenta Leopardus tilcayo, la primera especie nueva de felino silvestre descrita en el mundo en más de un siglo.
Se trata de un descubrimiento que no solo aporta a la fauna boliviana, sino a la ciencia mundial. No ocurrió en una expedición, sino comparando fotos y descripciones que, simplemente, no coincidían.
Todo empezó allá por 2021. Los investigadores bolivianos Enzo Aliaga-Rossel y Paola Nogales-Ascarrunz —exploradora de National Geographic— recolectaron las muestras genéticas de un ejemplar macho que estaba bajo cuidado protegido del Santuario de Vida Silvestre Senda Verde, en el municipio de Coroico, a cien kilómetros de la ciudad de La Paz. Este felino, que había sido acogido en este centro de custodia alrededor de 2017 tras ser entregado por una familia del lugar, se convirtió oficialmente en el espécimen de referencia u holotipo de la nueva especie.
Paola Nogales Ascarrunz durante una exploración en busca de señales de Leopardus tilcayo. Fotografía: © Fernando Faciole/National Geographic.
Nogales-Ascarrunz, coautora principal del estudio, cuenta a La Región que notó algo raro cuando preparaba un material educativo sobre el felino en cuestión. Al revisar la descripción de Leopardus tigrinus, nombre cientifico con el que estaba registrado, la forma de las manchas y de la cola de este individuo, no se parecía a la de las especies de gatos silvestres que ella conocía en Bolivia. Se acercaba más a Leopardus guttulus, una especie más robusta y de cara más chata. El problema era que guttulus «nunca había sido registrada en el país».
“Le digo a mi colega: ‘este debe ser un guttulus, pero guttulus no está registrado para Bolivia’”, recuerda. Esa contradicción fue la que disparó los análisis genéticos. La pregunta inicial no era si existía una especie nueva, sino si una especie conocida había ampliado su rango de distribución. La respuesta, años más tarde, fue mucho más sorprendente.
Un trabajo basado en genética
Paola Nogales Ascarrunz trabaja con muestras de ADN de un gato silvestre. Fotografía: © Fernando Faciole/National Geographic.
Para determinar que aquel individuo que aún vive custodiado en Senda Verde no era Leopardus tigrinus, el equipo —liderado por Jonas Lescroart y Paola Nogales-Ascarrunz como coautores principales, junto a Eduardo Eizirik (Brasil)— secuenció genomas completos de 38 individuos del género Leopardus, combinando muestras modernas —sangre y tejido de animales rescatados o atropellados— con ADN extraído de especímenes históricos conservados en museos, algunos con más de medio siglo de antigüedad. Esa técnica se conoce como museómica.
Este procedimiento fue clave para resolver un vacío que frenaba la taxonomía del grupo desde 1775. Y es que no existían muestras genéticas de la población original de Leopardus tigrinus en el Escudo Guayanés (Guyana, Surinam, Venezuela), su área de distribución. Los expertos recuperaron ADN de fragmentos de hueso petroso —la parte más densa del cráneo— de ejemplares guardados en el museo Smithsonian (EE UU) y en el Centro de Biodiversidad Naturalis (Países Bajos).
Con ese material, reconstruyeron árboles filogenéticos y calcularon tiempos de divergencia evolutiva. Según explicó Nogales-Ascarrunz, la taxonomía o ciencia que clasifica a los seres vivos, usa como referencia en los felinos, un millón de años de separación genética para reconocer una especie distinta. Las poblaciones de los Yungas bolivianos resultaron haberse separado de sus parientes más cercanos hace 1,4 millones de años, una divergencia incluso más profunda que la de Leopardus pardinoides, otra especie del grupo ya validada.
Finalmente, el estudio demostró que aquello que la ciencia consideraba históricamente como una sola especie de gato tigre (Leopardus tigrinus), comprende en realidad, al menos, cinco especies distinticas de felinos silvestres.
Un ejemplar de Leopardus tilcayo, nueva especie de felino identificada en Bolivia. Fotografía: © Fernando Faciole/National Geographic.
Leopardus tilcayo (Tilcayo): Nueva especie descrita oficialmente en este estudio, nativa de los bosques nublados de los Yungas de Bolivia. Leopardus tigrinus (Gato tigre del norte / de Guayana): Especie cuya definición se circunscribe y restringe ahora al Escudo Guayanés. Dentro de esta especie, el estudio describe además una nueva subespecie: Leopardus tigrinus antisuyo, nativa de los Yungas peruanos. Leopardus pardinoides (Gato tigre nublado): Revalidada y elevada al rango de especie independiente para los bosques nublados de los Andes del norte (en países como Colombia y regiones de América Central). Leopardus emiliae (Gato tigre del este): Restablecida formalmente como especie válida, habitante de las ecorregiones de Caatinga y Cerrado en el este de Brasil. Leopardus guttulus (Gato tigre del sur): Revalidada como especie independiente, nativa del bosque de la Mata Atlántica en el sur de Sudamérica.
El procedimiento para llegar a esta conclusión fue tan exhaustivo, que le dio al estudio “mucha más solidez taxonómica que incluso en otras especies”. De hecho el paper fue revisado por pares (investigadores ajenos), incluido Andrew Kitchener, referente mundial en taxonomía de felinos, quien avaló formalmente el reconocimiento de Leopardus tilcayo como nueva especie.
Difícil de encontrar y fácil de confundir
Pieles de Leopardus tigrinus antisuyo y Leopardus pardinoides, conservadas en el Museo de Historia Natural de la UNMSM, Lima. Fotografía: © Paola Nogales-Ascarrunz.
Pero conseguir muestras genéticas de Leopardus tigrinus en Bolivia para hacer la comparación, no fue sencillo. Según la investigadora boliviana, el único espécimen de museo etiquetado como tal se encuentra conservado en el Museo Nacional de Historia Natural de La Paz. Al analizarlo, resultó ser un margay (Leopardus wiedii), una especie distinta.
El error no es casual. El gato tigre y el margay son notoriamente difíciles de distinguir en fotos de cámaras trampa, explica. La diferencia más confiable —la dirección del pelo en la nuca, que en el margay crece a contrapelo— es prácticamente imposible de detectar sin tener al animal en mano. Esa confusión, documentada también en el estudio que será publicado en octubre próximo en la famosa revista Current Biology, “infló artificialmente” el rango de distribución que se le atribuía al “gato tigre” en registros de campo de toda la región.
Tras realizar todo el procedimiento, el equipo logró finalmente dos muestras confirmadas de Leopardus tilcayo en Bolivia. Una proviene de una hembra rescatada por el Santuario de Vida Silvestre Senda Verde, herida a pedradas tras quedar atrapada en un árbol cerca de una comunidad de la zona, a la que el veterinario Rodrigo Cantuta le extrajo pelo con bulbo y una muestra de sangre antes de que el animal fuera devuelto a su hábitat. La otra corresponde al macho que actualmente tiene diez años y que permanece bajo cuidado en el mismo santuario. Ello significa que este último es el único ejemplar de la especie que se conoce y vive actualmente en un espacio protegido.
Un gran hallazgo para Bolivia y para el mundo
La exploradora de National Geographic Paola Nogales Ascarrunz observa un ejemplar de Leopardus tilcayo. Fotografía: © Fernando Faciole/National Geographic.
Enzo Aliaga-Rossel, del equipo de autores del estudio y biólogo boliviano con amplia experiencia en investigación y conservación, subrayó el peso específico del hallazgo para el país. No se trata de un microorganismo o un invertebrado —grupos donde aún hay mucho por descubrir—, sino de un felino, un grupo del que “hay muy poco conocimiento, casi nada en Bolivia», advierte.
“El hecho de que se haya logrado identificar que tiene características genéticas y morfológicas diferentes del resto, hace que lo podamos nombrar como una nueva especie para la ciencia”, explica a La Región. El registro mantiene en 407 el número de especies de mamíferos documentados en Bolivia, con la diferencia de que ya no habría Leopardus tigrinus, sino Leopardus tilcayo.
Sobre el rol ecológico o la función que cumple en la naturaleza, como felino pequeño es un mesopredador. Ello significa que parte de una franja intermedia de la cadena trófica que regula poblaciones de roedores y otros vertebrados pequeños. “Cuando eliminas a estos pequeños carnívoros (como el tilcayo), puede haber una sobrepoblación de ratones (…) y eso ocasiona que haya un boom reproductivo y vienen las plagas. Eso lo hemos visto muchas veces en Bolivia”, describe.
Aliaga-Rossel también confirmó que, por ahora, se trata de una especie que se considera endémica de los Yungas bolivianos, aunque los expertos todavía necesitan ampliar el muestreo hacia el norte y el sur para confirmar los límites reales de su distribución. Su tamaño pequeño, su velocidad y su capacidad de quedarse inmóvil en un árbol durante horas explican por qué casi no existen registros previos de la especie.
La paradoja: nacer bajo amenaza
Tanto Nogales-Ascarrunz como Aliaga-Rossel coinciden en que apenas descrita, la especie ya enfrenta peligros. La pérdida de hábitat —por presión sobre los bosques donde vive y sobre sus presas— es la principal amenaza para el tilcayo y para buena parte de la fauna boliviana.
En ese contexto, el hallazgo funciona como recordatorio de lo que está en juego. Un felino que convivió con comunidades bolivianas durante generaciones —lo suficiente como para tener nombre propio en la lengua local, tilcayo, y que los investigadores decidieron conservar como parte de la denominación científica en reconocimiento a ese conocimiento ancestral— necesitó de la genómica más avanzada para ser, finalmente, visto por la ciencia.
Con el nuevo registro y la reclasificación del complejo de gatos tigre en cinco especies independientes surgirá una nueva evaluación del riesgo de extinción de cada una. Asimismo, este descubrimiento ayudará a plantear estrategias y planes de conservación focalizados y, sobre todo, revalorizará aún más el rol de comunidades locales, de preservar animales como el tilcayo que, por el momento, solo ha sido registrado en los Yungas paceños y es único en el mundo.
Fuente: Erbol